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Apareciste de una forma sorprendente y envolvente. Tu dulzura, tu ternura, tu permanente sonrisa abrazaba la confianza que tenía escondida. Lo cierto, es que se impuso una sensación de sorpresa y de desconcierto que desde el principio me pareció atractiva.

Desde el principio me gustó hablar contigo, me hacías sentir cómoda y aunque siempre había algún tipo de miedo presente, tu optimismo, tu autoconfianza, tu carácter me obligó a dejarlo marchar para que así  pudiera disfrutar más de ti. Y lo hice.

Fueron noches muy especiales, de conversaciones amables, de risas, de tranquilidad, de paz, de deseo y pasión y de mucha ternura. Pero es que así eres tú y es tremendamente fácil apreciarte. Me desarmaste y así lo sentí desde el primer momento, no valía de nada las precauciones que me imponía, no valía de nada convencerme de que tener cuidado era la actitud más inteligente… Y sabes? me gustó mucho confiar en ti y lo haría de nuevo, en tí sí…

Ya sé que te cansaba tanta desconfianza. Es una de mis características más pronunciadas, pero lo que nunca te he dicho es que a mi también me harta. He llegado a un momento en el que me he dado cuenta de que te hagan daño no es algo contra lo que puedas luchar, no hay conjuros mágicos, ni actitudes o formas que los eviten. Ocurre y pasa porque somos distintos, con diferentes formas de sentir y de pensar…

La desconfianza impide disfrutar de los valores y defectos de un amigo. Y un amigo es aquel a quien aprecias con sus valores y defectos. Por qué limitarlo? No, no es lo adecuado.

Quizás no me creas, pero desde el principio supe que te ibas a ir pronto. Sabía que cogerte cariño sería el principio de encontrarme con las lágrimas que demostrarían lo que me haces sentir. No sé si supe transmitirte lo que te adoro, pero créeme me satisfizo el comenzar a quererte y saberte tan cerquita.

Tal vez sólo fuera una ilusión. Tal vez cuando se rompió el misterio, apareció la verdad. Tal vez todo sea distinto para ti, pero aún sabiendo que no te tendría, te quise. Me arriesgué y gané… gané tres semanas de sonrisas permanentes y de un cariño y dulzura que necesitaba desde hacía tiempo.

Sabía que te querría, sabía que te irías con la realidad… sabía que sentiría esta soledad cuando lo hicieras y sabía que también entendería que lo hicieses.

Gracias por entender que para mi no eres un amigo. Gracias por respetarlo y … Dios, si supieras cuánto te echo de menos…

Eres muy especial, mucho.

Ven!

Julio 20th, 2009 at 15:01